
Durante muchos años fui esa amiga a la que todos recurrían antes de una fiesta, una celebración o un momento importante. Maquillar, peinar, buscar aquello que hacía que cada persona se sintiera especialmente guapa siempre fue algo que me salía de forma natural.
Sin embargo, mi camino profesional comenzó lejos del mundo de la belleza. Estudié Magisterio y durante casi ocho años trabajé en Sephora como Makeup Artist Coordinator en una de sus tiendas de Madrid. Fue allí donde descubrí que aquello que durante tanto tiempo había entendido como un hobby podía convertirse en mi profesión.
Decidí entonces formarme profesionalmente en Kohl School, donde estudié maquillaje profesional, estilismo capilar y efectos especiales. Desde entonces, la belleza se convirtió en mi forma de expresarme.
Las bodas ocupan hoy una parte muy importante de mi trabajo, pero mi recorrido también pasa por el e-commerce, los books de actrices y modelos, cantantes, cortometrajes, pasarelas y todo aquello que tenga que ver con el estilismo y la creación de una imagen.
Y aquí estoy ahora, dedicándome al cien por cien a aquello que realmente me apasiona: ensalzar la belleza que ya existe.
Creo que tengo uno de esos trabajos que parecen un privilegio. Paso horas conversando, escuchando historias, conociendo mujeres y, mientras tanto, creando una imagen en la que puedan mirarse y reconocerse.
Para mí, esa es la parte más bonita de este trabajo.
Mi novia ideal es una mujer real. Una mujer que no quiere sentirse disfrazada el día de su boda y que entiende que no existe un único «look de novia». Existe su look.El que encaja con su personalidad, con su vestido, con su manera de moverse y, sobre todo, con la forma en la que quiere sentirse ese día.No creo en transformar a una novia para convertirla en otra persona. Creo en observarla, escucharla y encontrar aquello que la hace especial para potenciarlo. Porque cuando una novia se mira al espejo y sigue viéndose a ella misma, pero en una versión extraordinaria, es cuando sabemos que hemos acertado.
Que se sienta guapa, pero también que se sienta cómoda. Detrás de un peinado bonito hay mucho más que una imagen. Hay conocimiento del cabello, preparación, elección de productos, técnica y una lectura muy precisa de lo que cada novia necesita. No todos los cabellos responden igual, ni todas las ideas pueden ejecutarse de la misma manera. Por eso, para mí, el verdadero trabajo empieza mucho antes de colocar el último mechón. Analizar el cabello, entender el resultado que queremos conseguir y elegir la técnica y la preparación adecuadas es lo que permite que un peinado no solo sea bonito en el espejo, sino que acompañe a la novia durante horas, permanezca y siga teniendo movimiento y naturalidad. La técnica debe estar al servicio de la belleza, nunca al revés.
Creo que estamos dejando atrás poco a poco el clean look entendido como una piel casi invisible y excesivamente minimalista. La piel seguirá siendo natural, pero no necesariamente desnuda. Una piel bonita también puede estar trabajada, corregida y perfeccionada sin perder su dimensión real. En la mirada vuelven los ahumados, aportando profundidad y carácter, mientras que los labios recuperan tonos más intensos y sofisticados, como los borgoña. Pero más allá de las tendencias, me interesa que cada elección tenga un sentido. Una novia no debería llevar un maquillaje porque esté de moda, sino porque ese maquillaje tenga algo que decir de ella.

Para mí, todo empieza mucho antes del maquillaje. La piel es el verdadero lienzo y, cuanto mejor preparada esté, menos necesitamos esconderla. Conocer el tipo de piel, sus necesidades y sus preocupaciones permite elegir los productos adecuados y, sobre todo, aconsejar a cada novia sobre una rutina de tratamiento que le ayude a llegar a su boda en el mejor estado posible. Después llega el maquillaje. Y ahí mi objetivo no es cubrir, sino equilibrar. Conseguir una piel luminosa, una mirada que tenga presencia y unos rasgos que sigan perteneciendo a la mujer que tengo delante. Un buen maquillaje no debería ser lo primero que vemos de una novia. Debería ser ella.
Un maquillaje perfecto es aquel que no se nota, pero se siente.
En mi maleta conviven productos de maquillaje profesional y firmas de alta gama como Charlotte Tilbury, NARS, Tarte, Benefit, Dior, Bobbi Brown o Make Up For Ever, entre otras. En peluquería trabajo con firmas y herramientas profesionales como Schwarzkopf Professional Osis+, Wella Professionals, Termix o ghd. Pero las herramientas son solo una parte del proceso. Los productos ayudan. La técnica construye. La experiencia permite decidir. Y, al final, la verdadera herramienta es la mirada del profesional: saber observar, saber escuchar y saber cuándo hacer más y, sobre todo, cuándo no hace falta hacer nada más.
